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Tras pasar por
localidades conocidas como Posada, Barro o Niembro, llegamos al Mirador de
La Boriza. Desde ese punto la vista podía alcanzar gran parte de costa
oriental, donde las olas rompían contra los acantilados verdes y
verticales.
Retomado el camino,
dejamos atrás pueblos como Cué con sus angostas carreteras por las que
solo pasaba un coche, y la villa de Llanes con su imponente casino real
como representante de la
arquitectura indiana, conviviendo con las casas de pescadores y las nuevas
construcciones.
Se acercaba la hora
de “llenar el depósito”, y después del recorrido costero llegamos al
final de la ruta: la playa de Barro, donde aparcamos nuestros coches en línea
frente al mar, y comimos en un restaurante con vistas a la playa y a
nuestros Alfa.
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