Sábado 14 de Octubre

TRAZANDO CURVAS POR ASTURIAS.

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Tocaba levantarse temprano con un día espléndido y con la chapa de los alfas cubierta de una ligera capa de rocío. Tras aprovechar para llenar los depósitos, salimos en ruta en dirección a Cuevas pasando por una carretera pintoresca llena de arquitectura indiana y popular, paisaje verde y fantásticas vistas tanto al mar como a la villa de Ribadesella. 
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Un poco antes de entrar en el pueblo de Cuevas, hicimos una parada para quitar la capota a los spider (que eran unos cuantos) puesto que merecía la pena pasar un poco de frío y disfrutar de lo que se avecinaba. Una vez descapotados, recorrimos unos metros para adentrarnos en una cueva natural única en el mundo, por la que discurre la carretera que comunica el pueblo con el exterior. Era curioso a la vez que bonito, poder ver pasar los alfas entre estalactitas y estalagmitas, donde los aficionados a la fotografía no paraban de apretar el disparador. Una vez aparcados en fila nuestros coches, la marea roja que los ocupaba desembarcó para recorrer a pie lo que minutos antes habían hecho al volante.

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Proseguimos camino, cruzando Ribadesella, bordeando el río Sella, y pasando por pueblos singulares como Porrúa y Parres. Pasando este último, paramos para refrescarnos en un merendero rodeado de césped, que tiene una panera (construcción típica asturiana) y con buenas vistas hacia la montaña.

Continuamos la marcha hacia el Alto del Mazuco, por una carretera repleta de curvas, que no dejaba indiferente a nadie, teniendo hacia un lado una espectacular vista de la costa y hacia el otro unas moles de piedra que nos arropaban a medida que subíamos. Entre una ladera y otra podíamos observar la serpiente de color formada por los casi 40 alfas que participábamos en esa jornada. En ese momento, Villamil se adelantó para hacer una foto de la misma desde el alto, donde se podía observar de forma íntegra nuestra caravana.

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Al cabo de unos kilómetros entramos en el Concejo de Cabrales, cuna de uno de los macizos de los Picos de Europa.  Este concejo merecía una parada en el Mirador de Poo desde donde pudimos observar como emergía entre otras cumbres el mítico Naranjo de Bulnes o Picu Urriellu. Algunas de las mujeres hicieron una escapadita para comprar el famoso queso que lleva el nombre de la zona.

Cansados de curvas, aún quedaba alguna más antes de llegar al restaurante, por una sinuosa carretera que sigue el cauce caprichoso y transparente del río Cares.

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Llegamos al restaurante “La Molinuca” donde aparcamos las máquinas como piezas de dominó en el aparcamiento reservado para las mismas. Allí pudimos llenar el estómago (algunos en exceso) con viandas típicas de la tierra como una buena fabada, jamón asado y arroz con leche. Con el depósito bien lleno, y los cinturones aflojados, partimos en dirección del hotel para descansar un poquito y asearnos antes del verdadero homenaje a Luis.